TRASTORNO BIPOLAR      

Históricamente conocida como psicosis maniaco-depresiva, el Trastorno Bipolar consiste en la aparición a lo largo de la vida de fases de depresión que alternan con episodios de manía o hipomanía. De forma intercalada, existen períodos de completa normalidad que pueden durar incluso años.

Durante las fases intercríticas en los que el paciente no padece síntomas depresivos ni de euforia o irritabilidad extrema, el paciente puede desarrollar una actividad completamente normal, sin embargo, si la aparición de las crisis es muy frecuente presentándose varios episodios depresivos o maniacos en un año (Trastorno Bipolar con ciclos cortos), el pronóstico empeora y el impacto de la enfermedad en el desempeño global del individuo se hace mayor llevando al deterioro, la pérdida de funciones cognoscitivas e inestabilidad psico-social.

En una persona con Trastorno Bipolar, los cambios en el humor o estado de ánimo difieren de las fluctuaciones que normalmente se observan de manera habitual en todas las personas, en que son mucho más intensas, duraderas y pueden comprometer el juicio y el comportamiento de manera grave. En las fases de manía los pacientes se muestran excesivamente excitados, hiperactivos, habladores, con ideas sobrevaloradas o aun delirantes de grandeza o poder. Disminuye la necesidad de dormir y el apetito, se comportan de manera imprudente o riesgosa, invierten o gastan el dinero de forma inapropiada y la desinhibición del comportamiento los lleva a abusar de sustancias psicoactivas o a ser sexualmente promiscuos. En las fases de depresión el paciente sufre síntomas de tristeza, ansiedad o irritabilidad, insomnio, culpa inapropiada e inhibición propia de los trastornos depresivos. Una situación de especial estrés, una crisis personal o el abuso de sustancias psicoactivas o ciertos medicamentos, pueden desencadenar un episodio.

Existen varios tipos de Trastorno Bipolar: La forma clásica alterna periodos de fuerte manía con los de depresión y se denomina Trastorno Bipolar tipo I. Durante la manía suelen requerir hospitalización y en casos graves pueden llegar a una psicosis (manía psicótica).

El tipo II se caracteriza por episodios más cortos de hipomanía, menos intensos que los del tipo I, que duran menos de 4 días seguidos por fases depresivas prolongadas. Habitualmente no requieren ingreso hospitalario e incluso en muchas ocasiones pasan desapercibidos. Durante las crisis de hipomanía el individuo puede sentirse demasiado contento, muy ágil mentalmente, con una elevada autoestima y una menor necesidad de dormir, ligera hiperactividad, habladoras y con un mayor interés por el sexo. El Trastorno Bipolar tipo II suele aparecer durante la adolescencia y se acompaña de cambios bruscos de humor, actos impulsivos y trastornos de conducta con búsqueda de riesgos que pueden enmascararse en una crisis adolescencial "normal". No es infrecuente que un intento de suicidio o un desorden alimentario sea el síntoma de alarma manifestado inicialmente por estos pacientes.

La Ciclotimia es una forma menor de la enfermedad en la que las personas presentan oscilaciones del ánimo cíclicas pero que no alcanzan a configurar un episodio de manía o hipomanía, ni un episodio depresivo por la menor duración o intensidad de los mismos. Clínicamente los episodios ciclotímicos aunque de baja intensidad, dada su elevada frecuencia y los cambios de conducta que los caracterizan, perturban el funcionamiento normal de la vida del paciente. Por eso, en general, las personas del entorno del enfermo sin diagnosticar suelen considerarles personas inestables e imprevisibles.

Los trastornos depresivos son los trastornos psíquicos más frecuentes.

La depresión es la principal causa de discapacidad en el mundo. En Colombia la frecuencia es del 10%, siendo mayor en mujeres que en hombres, y la frecuencia aumenta con la edad.

Los datos de casos de trastorno bipolar son relativamente uniformes en los países del mundo occidental y rondan los 0,5-1,5% para el trastorno bipolar tipo I y en torno al 0,5% para el tipo II, sin embargo, existe un sub-diagnóstico preocupante.

Tanto la depresión mayor como el trastorno bipolar, presentan alteraciones neuroquímicas en la regulación de los neurotransmisores cerebrales responsables de modular el estado de ánimo. El origen de dicha alteración puede ser genético; de ahí la importancia de la exploración de antecedentes de enfermedades similares en otros miembros de la familia. Los parientes de personas afectadas tienen una mayor predisposición a presentar estos trastornos. Aun así, para que la enfermedad se presente, es necesario que se combine con una serie de factores ambientales que operan como desencadenantes o como perpetuadores; es el caso de las situaciones estresantes que desequilibran los sistemas reguladores del cerebro. Otros factores como el consumo de drogas o las situaciones traumáticas que generan estrés agudo o crónico, también pueden producir una descompensación de este delicado equilibrio de sustancias químicas.

La presencia de trastornos de alimentación de tipo purgativo en adolescentes con otras formas de impulsividad como auto-mutilarse (cortarse la piel, quemarse, golpearse a sí mismos para aliviar la ansiedad), el abuso de sustancias y los antecedentes familiares de trastorno bipolar, aumentan 9 veces el riesgo de bipolaridad en estos adolescentes y deben ser considerados de alto riesgo.