TRASTORNO POR ESTRÉS POST-TRAUMÁTICO

Después de tres meses de experimentar una situación que ha vivido como amenazante para su integridad física o psicológica (un desastre natural, un accidente, una violación, un robo), la persona sigue experimentando de nuevo el evento repetidas veces en, por lo menos, una de varias formas: sueños angustiantes repetitivos, recuerdos recurrentes del evento, sensación de estar reviviendo la experiencia (llamadas escenas retrospectivas) y/o angustia intensa alrededor de la época del acontecimiento que simboliza el evento.

Además de esto, la persona presenta síntomas de disociación (distanciamiento o no concordancia entre las ideas o los afectos), incapacidad para recordar aspectos importantes del trauma, falta de interés en las actividades normales, sentimientos de despreocupación e indiferencia, sentimiento de un futuro incierto, "insensibilidad" emocional o sentimiento de que nada le importa, disminución en la expresión de estados de ánimo, aislamiento de las personas, lugares u objetos que hacen revivir el evento. Igualmente presenta aumento de excitación emocional (irritabilidad o ataques de ira, dificultad para dormir, dificultad para concentrarse, respuesta exagerada a las cosas que la sobresaltan, vigilancia excesiva), así como síntomas fisiológicos tales como palidez, taquicardia, dolores de cabeza, fiebre, desmayos y/o mareos.


Los trastornos por ansiedad son, en conjunto, la enfermedad psiquiátrica más frecuente.

Entre ellos destaca el trastorno fóbico: alrededor de un 7% de mujeres y un 4,3% de hombres padecen fobias específicas (a algún animal, a un objeto, a la oscuridad, etc.), mientras que las llamadas Fobias, se hallan en un 13% de la población.

La ansiedad generalizada se da en un porcentaje del 3 al 5% de los adultos (en algún momento durante el año). Las mujeres tienen el doble de probabilidades de presentarla.

El trastorno de pánico es menos frecuente y se diagnostica a algo menos de un 1% de la población. Las mujeres son de dos a tres veces más propensas a sufrirlo.

El trastorno obsesivo-compulsivo afecta a cerca del 2,3% de los adultos y sucede con aproximadamente igual frecuencia en mujeres que en hombres.

El estrés post-traumático afecta, por lo menos, al 1% de la población alguna vez durante su vida, aunque en las personas con mayor riesgo, como los veteranos de guerra, tiene una mayor incidencia.


En todos estos trastornos, partimos de factores genéticos y constitucionales (vulnerabilidad biológica), que asociados a situaciones ambientales específicas (vulnerabilidad psicológica), permiten el desencadenamiento de los síntomas descritos.

Debido a la importancia de los factores genéticos en el desarrollo de estas enfermedades, los antecedentes familiares constituyen en un factor de riesgo potencial.

Los rasgos de personalidad ansiosos (que se ligan al factor genético y son su más clara expresión), aumentan el riesgo de presentar un cuadro de ansiedad. Por otro lado la vivencia de experiencias "amenazantes", constituye en un evento desencadenante y es en sí misma otro factor de riesgo más.